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CANTO A LA FAMILIA
Autor: José Cantoral

Aquí empecé a vivir, aquí empecé a soñar
a hablar y a caminar;
aquí aprendí a rezar, a conocer la fe
para enfrentar mis miedos.

Aquí sentí el calor de mi primer amor
de mi mejor mujer;
que todo lo entregó
y llena de ilusión formó en su ser, mi cuerpo.

Aquí escuché la voz de un héroe, un gran señor
que me enseñó a luchar
y a conocer a Dios, tratando por igual
a todos los demás
sin sentirse inferior, ni superior jamás,
que siempre predicó con el ejemplo.

Es la familia fuerza y unidad
es el cimiento de la humanidad,
es nuestra sangre que continuará
un nuevo tiempo…

Es ese amor que es incondicional
frente a la calma o a la tempestad,
el equilibrio simple y natural del universo.

Aquí me equivoqué, aquí me tropecé,
confieso que dudé, cuando me vi caer,
pero encontré la luz en el consejo fiel
de un buen hermano.

Así me superé y me recuperé,
me pude levantar y supe continuar
y abrí mi corazón y me llené de amor
dejé el pasado atrás y me volví a inventar
porque mi Dios jamás
me ha abandonado.

Es la familia…
Es la familia…
Es la familia…

 

Descarga la canción aquí



VI ENCUENTRO MUNDIAL DE LAS FAMILIAS,
13 AL 18 DE ENERO DE 2009, CIUDAD DE MÉXICO

TEMAS

Carta del Papa al legado pontificio para el Encuentro de las Familias

Luces y sombras de la familia en Latinoamérica

El Papa enviará dos mensajes al VI Encuentro Mundial de las Familias

Saludo del Papa a los encuentros por las familias en Madrid y México

QUÉ NOS DICE HOY LA ENSEÑANZA BÍBLICA
La relaciones familiares - Pbro. Raniero Cantalamessa


Todos los documentos y ponencias del VI Encuentro Mundial de las Familias en la página web de ZENIT

Principales ponencias

Cardenal Marc Ouellet Arzbis Quebec primado Canadá

Carl A. Anderson "Familia y solidaridad"

Catequesis preparatorias

Discurso del cardenal Bertone al episcopado mexicano

Discurso del presidente de México al inaugurar el Congreso

Discurso del cardenal Bertone al presidente de México

Intervención del cardenal Norberto Rivera al inaugurar el Congreso

La Parroquia es la casa de las familias

P. Álvaro Corcuera "Buscamos colaborar con todos"

Palabras del cardenal Ennio Antonelli al inaugurar el Congreso de la Familia

Palabras del presidente del episcopado mexicano al inaugurar el Congreso de la Familia

Palabras del cardenal Bertone al evento festivo del
Encuentro Mundial de las Familias

Representante del Movimiento de los Focolares en el Congreso de la Familia

Representantes de Schoenstatt en el Congreso de la Familia

Representantes del Camino Neocatecumenal en el Congreso de la Familia

 
 

Luces y sombras de la familia en Latinoamérica

"El VI Encuentro Mundial de Familias a celebrarse entre el 14 y el 18 de enero,es un kairós, una experiencia de Gracia, es la presencia amorosa de Jesucristo ", explica en esta entrevista concedida a ZENIT-El Observador monseñor Rodrigo Aguilar Martínez, obispo de Tehuacán y presidente de la Comisión Episcopal para la Familia, Juventud y Laicos de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM).

--¿Cómo percibe la realidad que vive la institución familiar en nuestro país?

--Podemos hablar de algunas "sombras". Lo primero que golpea es la situación económica. Muchas familias viven en la miseria, con angustia para salir adelante en lo material.

Pero también está el problema de familias que no saben administrar sus ingresos económicos, gastando inadecuadamente.

El hecho es que se han disparado los extremos en lo socioeconómico: frente a familias que viven de manera demasiado holgada y aun ostentosa, otras viven al día y con crecientes deudas. Se ha acentuado la mentalidad consumista.

Hay mucha sensación de soledad. Con frecuencia la comunicación en la familia es superficial y funcional. Se van rompiendo los vínculos duraderos.

Con frecuencia se ve el sexo como camino para el placer, sin compromiso conyugal y sin apertura a la procreación.

Ya el matrimonio para muchos no es base familiar; se pretende equiparar el matrimonio con relaciones basadas en lo emotivo, incluso entre personas del mismo sexo, sin ningún sentido de contrato social.

Se está perdiendo el respeto a la vida humana, con múltiples manifestaciones como el aborto.

También contra el respeto a la vida humana está la creciente inseguridad y presencia del crimen organizado, con elevados índices de impunidad.

Pero también hay "luces" en la institución familiar, la cual sigue siendo baluarte en el desarrollo de muchas personas. La familia sigue siendo un valor estimado para muchas personas..

--En su país se han aprobado leyes que abiertamente atentan contra la familia -el aborto, el divorcio exprés, las sociedades de convivencia, ¿a dónde nos encaminamos?

Quisiera pensar que quienes han promovido esas leyes pretenden asegurar un sentido de progreso, de desarrollo social; pero aunque la intención pudiera ser sana, ciertamente las bases antropológicas son equivocadas.

El ser humano se construye sobre la libertad que es responsable, no sobre una libertad carente de ética; sobre la aceptación de la dignidad de la vida humana por el hecho de existir como ser humano, desde la concepción y hasta el término de la muerte natural; sobre la aceptación de la identidad sexual de varón o de mujer.

Dichas leyes, sustentadas en un relativismo y un laicismo a ultranza, pretenden promover un cambio conceptual de ser humano y de sociedad, por lo mismo, un cambio de época.

--Ante tales ataques ¿cómo es posible salvaguardar la familia?

--Afortunadamente la sociedad está despertando: por ejemplo ante las leyes a favor del aborto en algunos estados mexicanos, en otros se está promoviendo en la legislación correspondiente la defensa de la vida humana desde la concepción.

Esto mismo se podría promover en relación al matrimonio y la familia.

--¿Qué retos le presenta el tiempo actual a la Iglesia en cuestión de familia?

-- El Documento de Aparecida dice que "dado que la familia es el valor más querido por nuestros pueblos, creemos que debe asumirse la preocupación por ella como uno de los ejes transversales de toda la acción evangelizadora de la Iglesia".

En muchas diócesis de nuestra patria ya se va definiendo el trabajo en bien de la familia precisamente como uno de los ejes transversales de toda la pastoral.

En la Dimensión de la Pastoral de la Familia ofrecemos a las diócesis y a las provincias, a nivel subsidiario, material y apoyo para la estructuración de la pastoral familiar, por ejemplo en estos aspectos:

Ya sea en lo que se refiere al valor de la vida humana, al acompañamiento de parejas de novios que pretenden casarse, a matrimonios en situaciones difíciles, a parejas en situaciones irregulares, formación de agentes de pastoral familiar, acompañamiento a movimientos a favor de la familia.

Falta mucho por hacer: ser eficaces en el trabajo pastoral; o sea que no basta hacer mucho, sino hacerlo bien para que dé frutos en el acompañamiento a las familias en todas las fases de su desarrollo.

Que la pastoral en bien de la familia se integre a la pastoral orgánica o de conjunto y, a su vez, que se integre a la pastoral con espíritu misionero.

Las familias que no estarán presentes en el encuentro, ¿cómo pueden enriquecerse de este acontecimiento?

--El tema bajo el cual nos convoca el Papa Benedicto XVI al VI Encuentro es muy sugestivo y pertinente: "La familia, formadora en los valores humanos y cristianos".

Mucho se menciona que la clave es la formación en valores; de modo que el Encuentro nos ayudará con sus reflexiones y propuestas.

Por una parte, la situación actual en América Latina, se debate en posturas encontradas en relación a la vida, el matrimonio y la familia, pero también esas situaciones se convierten en oportunidad para forjar nuestra identidad y nuestros proyectos de vida como ciudadanos y como discípulos y misioneros de Jesucristo.

El VI Encuentro Mundial de Familias es un "Kairós", una experiencia de Gracia, es la presencia amorosa de Jesucristo que nos ama y cumple su promesa de estar con nosotros todos los días, hasta el fin del mundo.

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QUÉ NOS DICE HOY LA
ENSEÑANZA BÍBLICA

La relaciones familiares - Pbro. Raniero Cantalamessa

La relectura de la Biblia en un Congreso como éste, debe poder iluminar los problemas actuales. "La Escritura -decía san Gregorio Magno- crece con quien la lee" (cum legentibus crescit); revela implicaciones nuevas a medida que se le plantean cuestiones nuevas. Y hoy, cuestiones o provocaciones nuevas hay muchas.

1. El ideal bíblico contestado
Nos hallamos ante una contestación aparentemente global del proyecto bíblico sobre sexualidad, matrimonio y familia. ¿Cómo comportarse frente a los cuestionamientos de la sociedad actual?.

El primer error que hay que evitar, en mi opinión, es el de pasar todo el tiempo rebatiendo las teorías contrarias, acabando por darles más importancia de la que merecen.

Ya Pseudo-Dionisio el Areopagita observaba cómo la proposición de la propia verdad es siempre más eficaz que la confutación de los errores ajenos.

Otro error consistiría en dirigir todo hacia leyes del Estado para defender los valores cristianos. Los primeros cristianos con sus costumbres cambiaron las leyes del Estado; no podemos esperar hoy en cambiar las costumbres con las leyes del Estado.

El Concilio inauguró un nuevo método, que es de diálogo, no de enfrentamiento con el mundo; un método que no excluye siquiera la autocrítica. En un texto suyo, dijo que la Iglesia es capaz de sacar provecho hasta de las críticas de quien la combate. Creo que debemos aplicar este método también en la discusión de los problemas del matrimonio y de la familia, como hizo ya en su tiempo la Gaudium et spes.

Aplicar este método de diálogo significa procurar ver si en el fondo incluso de las contestaciones más radicales existe una instancia positiva que hay que acoger.

Es el antiguo método paulino de examinar todo y quedarse con lo que es bueno (Cf. 1 Ts 5,21). Así ocurrió con el marxismo que impulsó a la Iglesia a desarrollar una doctrina social propia, y podría suceder igualmente con la revolución "gender" que, presenta no pocas analogías con el marxismo y está probablemente destinada al mismo final.

La crítica al modelo tradicional de matrimonio y de familia que ha conducido a las actuales, propuestas del deconstructivismo, comenzó con la Ilustración y el Romanticismo.

Con intenciones diferentes, estos dos movimientos se expresaron contra el matrimonio tradicional, contemplado exclusivamente en sus "fines" objetivos: la prole, la sociedad, la Iglesia, y demasiado poco en sí mismo: en su valor subjetivo e interpersonal.

Todo se pedía a los futuros esposos, excepto que se amaran y se eligieran libremente entre sí. A tal modelo se opuso el matrimonio como pacto (Ilustración) y como comunión de amor (Romanticismo) entre los esposos. Pero esta crítica se orienta en el sentido originario de la Biblia, ¡no contra ella!

El Concilio Vaticano II recibió esta instancia cuando reconoció como bien igualmente primario del matrimonio el mutuo amor y la ayuda entre los cónyuges.

Juan Pablo II, decía: "El cuerpo humano, con su sexo, y su masculinidad y feminidad,... no sólo es fuente de fecundidad y de procreación, como en todo el orden natural, sino que encierra desde el principio el atributo esponsal de expresar el amor: ese amor precisamente en el que el hombre-persona se convierte en don y, mediante este don, realiza el sentido mismo de su ser y existir".

En su encíclica "Deus caritas est", Benedicto XVI ha ido más allá, escribiendo cosas profundas y nuevas a propósito del eros en el matrimonio y en las relaciones mismas entre Dios y el hombre.

"Esta estrecha relación entre eros y matrimonio que presenta la Biblia no tiene prácticamente paralelo alguno en la literatura fuera de ella".

La reacción insólitamente positiva a esta encíclica del Papa demuestra hasta qué punto una presentación irénica de la verdad cristiana es más productiva que la confrontación con el error contrario, aunque esta verdad hallará su espacio, a su tiempo y en su lugar.

Nosotros estamos lejos de aceptar las consecuencias que algunos sacan hoy de estas premisas: por ejemplo, que baste con cualquier tipo de eros para constituir un matrimonio, incluido aquél entre personas del mismo sexo.

No podemos en efecto silenciar la contribución que los cristianos dieron a la formación de aquella visión puramente objetivista del matrimonio.
La autoridad de Agustín, reforzada en este punto por Tomás de Aquino, acabó por arrojar una luz negativa sobre la unión carnal de los cónyuges, considerada el medio de transmisión del pecado original y no privada, ella misma, de pecado "al menos venial".

Según el doctor de Hipona, los cónyuges debían acudir al acto conyugal con disgusto y sólo porque no había otro modo de dar ciudadanos al Estado y miembros a la Iglesia.

Otra instancia que podemos hacer nuestra es la igual dignidad de la mujer en el matrimonio.
Como hemos visto, está en el corazón mismo del proyecto originario de Dios y del pensamiento de Cristo, pero casi siempre ha sido desatendida.

La Palabra de Dios a Eva: "Hacia tu marido irá tu apetencia, y él te dominará", tuvo una trágica realización en la historia.

En los representantes de la llamada "Gender revolution", esta instancia ha llevado a propuestas desquiciadas, como la de abolir la distinción de sexos y sustituirla con la más elástica y subjetiva distinción de "géneros" (masculino, femenino, variable), o la de liberar a la mujer de la "esclavitud de la maternidad" proveyendo de otros modos, --inventados por el hombre--, a la producción de hijos. (¡No se entiende quién tendría más interés o deseo, llegados este punto, de tener hijos!).

Precisamente la elección del diálogo y de la autocrítica nos da derecho a denunciar estos proyectos como "inhumanos", o sea, contarios no sólo a la voluntad de Dios, sino también al bien de la humanidad.

Traducidos a su práctica a gran escala, conducirían a daños imprevisibles. La novela y la película "La isla del Dr. Moreau" (The Island of Dr. Moreau) de H. G. Wells, podría revelar trágicamente profética, esta vez no sólo entre animales, sino también entre seres humanos.

Nuestra única esperanza es que el sentido común de la gente, unido al "deseo" del otro sexo, a la necesidad de maternidad y de paternidad que Dios ha inscrito en la naturaleza humana, resistan a estos intentos de sustituir a Dios, dictados más por atrasados sentimientos de culpa del hombre que por un genuino respeto y amor por la mujer. (¡Quienes proponen estas teorías son casi exclusivamente los hombres!).





2. Un ideal que hay que redescubrir
No menos importante que la tarea de defender el ideal bíblico del matrimonio y de la familia es la tarea de redescubrirlo y vivirlo en plenitud por parte de los cristianos, de manera que se vuelva a proponer al mundo con los hechos, más que con las palabras.

Leamos hoy el relato de la creación del hombre y de la mujer a la luz de la revelación de la Trinidad. Bajo esta luz, la frase: "Creó Dios al ser humano a imagen suya, a imagen de Dios le creó, macho y hembra los creó", revela por fin su significado, que había sido enigmático e incierto antes de Cristo.

¿Qué relación puede haber entre ser "a imagen de Dios" y ser "macho y hembra"? El Dios bíblico carece de connotaciones sexuales; no es ni varón ni mujer.

La semejanza consiste en esto. Dios es amor y el amor exige comunión, intercambio interpersonal; requiere que haya un "yo" y un "tú".

No existe amor que no sea amor por alguien; donde no hay más que un sujeto no puede haber amor, sino sólo egoísmo o narcisismo.

Allí donde Dios es concebido como Ley o como Potencia absoluta, no hay necesidad de una pluralidad de personas (¡el poder se puede ejercer también solos!). El Dios revelado por Jesucristo, siendo amor, es único y solo, pero no es solitario; es uno y trino.

En Él coexisten unidad y distinción: unidad de naturaleza, de voluntad, de intención, y distinción de características y de personas.

Dos personas que se aman --y el caso del hombre y la mujer en el matrimonio es el más fuerte- reproducen algo de lo que ocurre en la Trinidad.

Allí dos personas --el Padre y el Hijo--, amándose, producen ("exhalan") el Espíritu que es el amor que les une.

Alguien ha definido el Espíritu Santo como el "Nosotros" divino, esto es, no la "tercera persona de la Trinidad", sino la primera persona plural.

En esto precisamente la pareja humana es imagen de Dios. Marido y mujer son en efecto una carne sola, un solo corazón, una sola alma, aún en la diversidad de sexo y de personalidad.

En la pareja se reconcilian entre sí unidad y diversidad. Los esposos están uno frente al otro como un "yo" y un "tú", y están frente al resto del mundo, empezando por los propios hijos, como un "nosotros", casi como si se tratara de una sola persona, pero ya no singular, sino plural. "Nosotros", o sea, "tu madre y yo", "tu padre y yo".

En esta luz se descubre el sentido profundo del mensaje de los profetas acerca del matrimonio humano, que por lo tanto es símbolo y reflejo de otro amor, el de Dios por su pueblo.

Esto no significaba sobrecargar de un significado místico una realidad puramente mundana. No era cuestión sólo de simbolismo; era más bien revelar el verdadero rostro y el objetivo último de la creación del hombre varón y mujer: el de salir del propio aislamiento y "egoísmo", abrirse al otro y, a través del éxtasis temporal de la unión carnal, elevarse al deseo del amor y de la alegría sin fin.

¿Cuál es la causa de la inconclusión y de la insatisfacción que a veces deja la unión sexual, dentro y fuera del matrimonio? ¿Por qué este impulso cae siempre sobre sí mismo y por qué esta promesa de infinito y de eterno puede resultar decepcionada?

Los antiguos acuñaron un dicho que plasma esta realidad. El poeta pagano Lucrecio dejó, de la frustración que acompaña cada copulación, una descripción despiadada:
"Se estrechan ávidamente al cuerpo y mezclan la saliva
boca a boca, y jadean, apretando los labios con los dientes;
pero en vano; porque no pueden arrancar nada,
ni penetrar y perderse en el otro cuerpo con todo el cuerpo".

A esta frustración se suele buscar un remedio que no hace más que acrecentarla. En lugar de modificar la calidad del acto, se aumenta su cantidad, pasando de un partner a otro. Se llega así al estrago del don de Dios de la sexualidad, en uso en la cultura y en la sociedad de hoy.

¿Queremos, de una buena vez, como cristianos, buscar una explicación a esta devastadora disfunción? La explicación es que la unión sexual no se vive en el modo y con la intención pretendida por Dios.

Este objetivo era que, a través de este éxtasis y fusión de amor, el hombre y la mujer se elevaran al deseo y tuvieran una cierta pregustación del amor infinito; recordaran de dónde venían y a dónde se dirigían.

El pecado, empezando por el de los bíblicos Adán y Eva, ha atravesado este proyecto; ha "profanado" ese gesto, o sea, lo ha despojado de su valor religioso.

Ha hecho de él un gesto que es fin en sí mismo, concluso en sí mismo, y por ello "insatisfactorio". El símbolo ha sido desgajado de la realidad simbolizada, privado de su dinamismo intrínseco y por lo tanto mutilado.

Jamás como en este caso se experimenta más fuertemente la verdad del dicho de Agustín: "Nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti".

Incluso parejas creyentes tampoco llegan a reencontrar --a veces más que las otras-- esa riqueza de significado inicial de la unión sexual a causa de la idea de concupiscencia y de pecado original asociada a tal acto durante siglos.

Sólo en el testimonio de algunas parejas que han tenido la experiencia renovadora del Espíritu Santo y viven la vida cristiana, se encuentra algo de aquel significado original del acto conyugal.

Aquellas han confiado con estupor --a parejas de amigos o al sacerdote-- que se unen alabando a Dios en voz alta. Una experiencia real de presencia de Dios.

Se comprende por qué sólo en el Espíritu Santo es posible reencontrar esta plenitud de la vocación matrimonial.

El acto constitutivo del matrimonio es la donación recíproca, hacer don del propio cuerpo (o bien, en el lenguaje bíblico, de todo uno mismo) al cónyuge.

Al ser el sacramento del don, el matrimonio es, por su naturaleza, un sacramento abierto a la acción del Espíritu Santo que es por excelencia el Don, o mejor, la Donación recíproca del Padre y del Hijo.

Es la presencia santificadora del Espíritu aquello que hace del matrimonio un sacramento no sólo celebrado, sino vivido.

Dar espacio a Cristo en la vida de pareja es el secreto para acceder a estos esplendores del matrimonio cristiano. De hecho es de Él de quien viene el Espíritu Santo que hace nuevas todas las cosas.

Un libro del obispo Fulton Sheen, popular en los años cincuenta, inculcaba todo esto en su título: "Tres para casarse".

No hay que tener miedo de proponer a algunas parejas de futuros esposos cristianos, particularmente preparadas, una meta altísima: la de orar un poco juntos la noche de bodas, como Tobías y Sara, y después dar a Dios Padre la alegría de ver de nuevo realizado, gracias a Cristo, su proyecto inicial, cuando Adán y Eva estaban desnudos uno frente al otro y ambos ante Dios, y no se avergonzaban.

Termino con algunas palabras tomadas, una vez más, de El zapato de raso del poeta francés Paul Claudel. Se trata de un diálogo entre la protagonista femenina del drama, que combate entre el miedo y el deseo de rendirse al amor, y su ángel custodio:

- Entonces, ¿está permitido este amor de las criaturas, una hacia otra? ¿Dios no tiene celos?
- ¿Cómo podría estar celoso de lo que ha hecho Él mismo?
- Pero el hombre, en brazos de la mujer, olvida a Dios...
- ¿Se le puede olvidar estando con Él y siendo asociados al misterio de su creación?

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CATEQUESIS PREPARATORIAS

Cada Encuentro Mundial de las Familias se caracteriza por tener un tema específico que ayuda a la profundización de algunos aspectos de la vida y la misión de las familias cristianas. El tema de cada Encuentro es elegido por el Santo Padre y brinda una oportunidad para que haya una verdadera preparación, por medio de la reflexión, para que las familias crezcan en la vivencia de su amor, de su unidad, de su fe, de sus valores, etc.

El tema que el Papa Benedicto XVI ha señalado para el VI Encuentro, que se realizará en la Ciudad de México, es: “LA FAMILIA FORMADORA EN LOS VALORES HUMANOS Y CRISTIANOS”.

Es por eso que el PONTIFICIO CONSEJO PARA LA FAMILIA, teniendo en cuenta este tema, ha preparado unas Catequesis que puedan ayudar a esta preparación, especialmente en familia, por medio de un formato de celebración doméstica, que se busca sea accesible a todos.
Presentamos ahora estas Catequesis, traducidas a varios idiomas para facilitar el acceso a ellas, esperando que sean de gran utilidad en este interesante camino de preparación hacia el VI ENCUENTRO MUNDIAL DE LAS FAMILIAS.

http://www.emf2009.com/catequesis.asp

 

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El Papa enviará dos mensajes al VI Encuentro Mundial de las Familias

El Comité Organizador del VI Encuentro Mundial de las Familias que se inaugurará en la capital mexicana el próximo 14 de enero anunció que el Papa Benedicto XVI dirigirá dos decisivos mensajes a los participantes de este histórico evento.

Los organizadores revelaron que el Santo Padre enviará un primer mensaje leído durante el inicio de la jornada y el segundo, en vivo, vía satélite, durante la Misa de clausura del VI Encuentro Mundial de las Familias, el día 18 de enero.

"Prácticamente todo se encuentra listo para recibir a los casi 30 cardenales y 200 obispos que vendrán de todas partes del mundo y que han confirmado su asistencia", señala el primer comunicado oficial; a la vez que anuncian la plena operatividad de la página web oficial del VI Encuentro Mundial de las Familias: www.emf2009.com

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Delegación a México

En enero del 2009 se realizará el VI Encuentro Mundial de Familias en Ciudad de México, con el tema “La Familia formadora en los valores humanos y cristianos”. Se designó la delegación uruguaya que participará de dicho evento.

La Conferencia Episcopal del Uruguay ha designado como delegados al VI Encuentro Mons. Nicolás Cotugno, Arzobispo de Montevideo y Presidente de la Comisión Nacional de Pastoral Familiar de la CEU, Agustín Aishemberg y Margarita Gorlero, Secretarios ejecutivos de la CNDPF y el Pbro. Fernando Pigurina, sacerdote de la Diócesis de Salto y actual asesor de la Pastoral Familiar de la Diócesis.

 

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Saludo del Papa a los encuentros por las familias en Madrid y México

Una encíclica, viajes a Tierra Santa y Africa entre los planes del Papa en 2009


Celebrado en el día de la Sagrada Familia

(ZENIT.org).- Publicamos la intervención que pronunció Benedicto XVI con motivo del Ángelus el pasado domingo, fiesta de la Sagrada Familia, en la que saludó a las personas reunidas en Madrid con motivo de una multitudinaria misa por las familias presidida por el cardenal Antonio María Rouco Varela, arzobispo de Madrid y presidente de la Conferencia Episcopal Española.

Asimismo el Papa recordó la celebración del Encuentro Mundial de las Familias que tendrá lugar en México del 14 al 18 de enero de 2009.

* * *

[Hablando en italiano:]

Queridos hermanos y hermanas:

En este domingo, que sigue a la Navidad del Señor, celebramos con alegría la Sagrada Familia de Nazaret. El contexto es más que adecuado, pues la Navidad es por excelencia la fiesta de la familia. Lo demuestran tantas tradiciones y costumbres sociales, especialmente la de reunirse juntos, en familia, con motivo de las comidas festivas y de las felicitaciones y el intercambio de regalos; y, ¿cómo no constatar que en estas circunstancias se amplifica el malestar y el dolor causados por ciertas heridas familiares? Jesús quiso nacer y crecer en una familia humana; quiso que la Virgen María fuera su mamá y que José cumpliera la función de padre; le criaron y educaron con inmenso amor. La familia de Jesús merece verdaderamente el título de "sagrada", pues está totalmente concentrada en el deseo de cumplir con la voluntad de Dios, encarnada en la adorable presencia de Jesús. Por una parte es una familia como todas y, como tal, es modelo de amor conyugal, de colaboración, de sacrificio, de confianza en la divina Providencia, de laboriosidad, y de solidaridad. En definitiva, de todos esos valores que la familia custodia y promueve, contribuyendo de manera primaria a formar el tejido de toda sociedad. Al mismo tiempo, sin embargo, la Familia de Nazaret es única, diferente a todas, por su singular vocación, ligada a la misión del Hijo de Dios. Precisamente, por su carácter único, presenta a toda familia, y en primer lugar a las familias cristianas, el horizonte de Dios, el primado dulce y exigente de su voluntad, la perspectiva del Cielo, al que estamos destinados.

Por todo eso, hoy damos gracias a Dios, así como a la Virgen María y a san José, que con tanta fe y disponibilidad cooperaron en el designio de salvación del Señor.

Para expresar la belleza y el valor de la familia, hoy se han dado cita en Madrid miles de personas. A ellas quiero dirigirme ahora en español:

[Hablando en español:]

Dirijo ahora un cordial saludo a los participantes que se encuentran reunidos en Madrid en esta entrañable fiesta para orar por la familia y comprometerse a trabajar en favor de ella con fortaleza y esperanza. La familia es ciertamente una gracia de Dios, que deja traslucir lo que Él mismo es: Amor. Un amor enteramente gratuito, que sustenta la fidelidad sin límites, aún en los momentos de dificultad o abatimiento. Estas cualidades se encarnan de manera eminente en la Sagrada Familia, en la que Jesús vino al mundo y fue creciendo y llenándose de sabiduría, con los cuidados primorosos de María y la tutela fiel de San José. Queridas familias, no dejéis que el amor, la apertura a la vida y los lazos incomparables que unen vuestro hogar se desvirtúen. Pedídselo constantemente al Señor, orad juntos, para que vuestros propósitos sean iluminados por la fe y ensalzados por la gracia divina en el camino hacia la santidad. De este modo, con el gozo de vuestro compartir todo en el amor, daréis al mundo un hermoso testimonio de lo importante que es la familia para el ser humano y la sociedad. El Papa está a vuestro lado, pidiendo especialmente al Señor por quienes en cada familia tienen mayor necesidad de salud, trabajo, consuelo y compañía. En esta oración del Ángelus, os encomiendo a todos a nuestra Madre del cielo, la Santísima Virgen María.

[En italiano:]

Queridos hermanos y hermanas: hablando de la familia, no puedo dejar de recordar que del 14 al 18 de enero de 2009 tendrá lugar en la Ciudad de México el VI Encuentro Mundial de las Familias. Recemos desde ahora por este importante acontecimiento eclesial y confiemos al Señor toda familia, especialmente las más probadas por las dificultades de la vida y por las heridas de la incomprensión y división. Que el Redentor, nacido en Belén, les dé a todas la serenidad y la fuerza para caminar unida en el camino del bien.

[Después de rezar el Ángelus, añadió en italiano:]

Queridos hermanos y hermanos:

Tierra Santa, que en los días de Navidad está en el centro de los pensamientos y de los afectos de los fieles de todas las partes del mundo, se encuentra de nuevo sacudida por un estallido de inaudita violencia. Estoy profundamente dolido por los muertos, los heridos, los daños materiales, los sufrimientos y las lágrimas de las poblaciones víctimas de esta trágica cadena de ataques y represalias.

¡La patria de Jesús no puede seguir siendo testigo de tanto derramamiento de sangre, que se repite sin fin! Imploro el final de la violencia, que hay que condenar en cada una de sus manifestaciones, y el restablecimiento de la tregua en la franja de Gaza; pido una muestra de humanidad y de sabiduría a todos aquellos que tienen responsabilidad sobre la situación; imploro a la comunidad internacional que haga todo lo posible para ayudar a israelíes y palestinos a salir de este callejón sin salida y a no resignarse --como decía hace dos días, en el mensaje Urbi et Orbi-- a la lógica perversa del enfrentamiento y de la violencia, sino a privilegiar por el contrario el camino del diálogo y la negociación.

Encomendemos a Jesús, príncipe de la paz, nuestra ferviente oración por estas intenciones y a Él, a María y a José, imploremos: "Familia de Nazaret, experta en el sufrimiento, da al mundo la paz". ¡Dala hoy sobre todo a Tierra Santa!

[El Papa saludó luego en varios idiomas. En español, dijo:]

Doy mi bienvenida a los peregrinos de lengua española que participan en el rezo del Ángelus, en este domingo en el que celebramos la Sagrada Familia. Pidamos por todas las familias del mundo para que en sus hogares se viva y transmita la fe, siendo así testigos del amor en el mundo. ¡Feliz día del Señor!

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Benedicto XVI saluda a cuantos están trabajando en México preparando el VI Encuentro Mundial de las Familias, que tendrá lugar del 14 al 18 de enero de 2009.

(RV).- Llevando el saludo de Benedicto XVI, el Card. Ennio Antonelli, Presidente del Pontificio Consejo para la Familia, se encuentra en México, donde prosigue a toda marcha la preparación del VI Encuentro Mundial de las Familias.

El purpurado ha destacado la importancia de esta cita, que reunirá en la capital mexicana, del 14 al 18 de enero de 2009, a las familias de todo el mundo, que «son la célula fundamental de la Iglesia y de la sociedad civil». Y ha hecho hincapié en que «Benedicto XVI - si bien no acuda físicamente a México – participará activamente con algunas intervenciones televisivas, a lo largo del evento. En particular, el Santo Padre enviará un videomensaje e intervendrá en directo durante la misa de clausura, del 18 de enero».

El Presidente del Pontificio Consejo para la Familia ha recordado, asimismo, que Benedicto XVI enviará al Encuentro Mundial de las Familias 2009 a su Secretario de Estado, Card. Tarcisio Bertone, en calidad de Legado Pontificio.

 

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Catequesis
preparatorias
al VI Encuentro
Mundial de las Familias,
Enero de 2009

 

Mosaico de las familias

 

Sitio Oficial del VI
Encuentro Mundial
de las Familias
México 2009

 
Carta del Papa para el VI Encuentro Mundial de las Familias México 2009: “La familia está llamada a desempeñar su deber educativo en la Iglesia, participando así en la vida y en la misión eclesial”

Sábado, 3 ene (RV).- El Santo Padre ha enviado una carta en latín al cardenal Tarcisio Bertone, secretario de Estado, Legado Pontificio para la celebración del VI Encuentro Mundial de las Familias, que tendrá lugar en México del 13 al 18 de este mes.

En su misiva, Benedicto XVI reitera -evocando a su predecesor, el Siervo de Dios Juan Pablo II- que «la familia está llamada a desempeñar su deber educativo en la Iglesia, participando así en la vida y en la misión eclesial. La Iglesia desea educar sobre todo por medio de la familia, habilitada para ello por el sacramento, con la correlativa ‘gracia de estado’ y el específico ‘carisma’ de la comunidad familiar». (Carta de Juan Pablo II Gratissimam sane, n.16)

Recordando la Carta a las Familias -Gratissimam sane- en la que Juan Pablo II hacía hincapié en que «Sí, la civilización del amor es posible, no es una utopía. Pero es posible sólo gracias a una referencia constante y viva a ‘Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, de quien proviene toda paternidad en el mundo’ (cf. Ef 3, 14-15); de quien proviene cada familia humana», Benedicto XVI pone de relieve que «los padres son los primeros y principales educadores de sus propios hijos, y en este campo tienen incluso una competencia fundamental: son educadores por ser padres».

El «nosotros» de los padres, esposo y esposa, se desarrolla, por medio de la generación y de la educación, en el «nosotros» de la familia, que deriva de las generaciones precedentes y se abre a una gradual expansión. A este respecto, desempeñan un papel singular, por un lado, los padres de los padres y, por otro, los hijos de los hijos.

Benedicto XVI cita entre los modelos cristianos de padres y madres educadores, a los santos Gordiano y Silvia, padres del Papa san Gregorio Magno. A la mártir española María Teresa Ferragud Roig, que fue arrestada a los ochenta y tres años de edad junto con sus cuatro hijas religiosas contemplativas. El 25 de octubre de 1936, fiesta de Cristo Rey, pidió acompañar a sus hijas al martirio y ser ejecutada en último lugar para poder así alentarlas a morir por la fe. Su muerte impresionó tanto a sus verdugos que exclamaron: ‘Ésta es una verdadera santa’.

El Papa recuerda también al matrimonio italiano Luis y María Beltrame Quattrocchi y, a los padres de Santa Teresita de Lisieux, Luis Martín y Celine Guerin. Asimismo, Benedicto XVI dirige un recuerdo especial al cardenal Norberto Rivera Carrera, arzobispo de México y extiende su bendición a todos los mexicanos y a cuantos participarán en esta importante cita en la capital mexicana, dedicada a las familias del mundo.

También hoy se ha dado a conocer la Misión que acompañará al cardenal Secretario de Estado, Tarcisio Bertone. Se trata del Sacerdote Rogelio Alcántara Mendoza, Director espiritual del Seminario Hispano de Santa María de Guadalupe y del Sacerdote Martín Muñoz López, Capellán del Coro de la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe.
 
   

Carta del Papa al legado pontificio para el Encuentro de las Familias

"Los principales maestros de la humanidad son los mismos padres de familia"

CIUDAD DEL VATICANO, jueves 15 de enero de 2009 (ZENIT.org).- Publicamos la traducción al español de la carta en latín que Benedicto XVI dirigió al cardenal Tarcisio Bertone S.D.B, secretario de Estado, legado pontificio para el VI Encuentro Mundial de las Familias.

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Al venerado hermano 
Tarcisio Bertone, S.D.B.


Secretario de Estado

Con el deseo de que la sociedad futura goce de una condición más digna, muchos pastores y fieles laicos de todo el mundo, se reunirán próximamente en la ciudad de México para el VI Encuentro mundial de las familias, que tiene por tema:  "La familia formadora en los valores humanos y cristianos".

Este tema es de suma importancia, pues "la familia está llamada a desempeñar su deber educativo en la Iglesia, participando así en la vida y en la misión eclesial. La Iglesia desea educar sobre todo por medio de la familia, habilitada para ello por el sacramento, con la correlativa "gracia de estado"" (Juan Pablo II, Carta a las familias Gratissimam sane, 16).

Realmente, los principales maestros de la humanidad son los mismos padres de familia que, sostenidos por la gracia divina, se esfuerzan por transmitir a sus hijos las virtudes de la fe en Cristo, la caridad operante y una gran esperanza, y "en este campo tienen incluso una competencia fundamental:  son educadores por ser padres" (ib.).

Conviene recordar que a todas las familias cristianas se presentan los brillantes ejemplos de algunos fieles, tanto de tiempos antiguos como de épocas recientes, que no sólo a los jóvenes, sino también a la gran mayoría de la gente, dejaron su vida como ejemplo de nobleza y recuerdo de virtud (cf. 2 M 6, 31). Entre ellos cabe destacar en Oriente a los santos Basilio y Emelia, que entre sus nueve hijos cuentan con cuatro santos, y en Occidente a los santos Gordiano y Silvia, padres del Sumo Pontífice san Gregorio Magno.

Al inicio de este milenio, la Madre Iglesia ha inscrito en el catálogo de los beatos a María Teresa Ferragud Roig, que en España juntamente con sus cuatro hijas vírgenes consagradas a Cristo consiguió la palma del martirio y la gloria celestial; a los esposos Luis Beltrame Quattrocchi y María Corsini, en Italia; Luis Martin y Celia María Guérin, en Francia, padres de santa Teresa de Lisieux, patrona de las misiones y flor del Carmelo.

Estoy convencido de que este acontecimiento puede ser muy beneficioso para toda la sociedad y para cada persona. Por eso, de buen grado acepté la invitación del venerado hermano cardenal Norberto Rivera Carrera, arzobispo metropolitano de México; pero, dado que yo no puedo acudir personalmente, con confianza te envío a ti, venerado hermano, mi principal y muy diligente colaborador en despachar los asuntos diarios, para que me representes dignamente y lleves a las personas allí congregadas mi exhortación paterna y mi cordial saludo. Por lo cual, con esta carta te nombro mi legado para el VI Encuentro mundial de las familias, que se celebrará en México del 13 al 18 del próximo mes de enero.

Encomiendo encarecidamente tu legación y todo el Encuentro mundial de las familias a la poderosa intercesión de la santísima Virgen María de Guadalupe y de san José, así como de todos los santos padres de familia, a fin de que obtengan del Hijo de Dios para los gobernantes de las naciones y para las familias mismas las ayudas, los derechos y las luces necesarios, para que la dignidad de todos los hombres de verdad se reconozca, se respete y se honre.

Por último, quiero que impartas amorosamente, en mi nombre, la bendición apostólica, prenda de gracia celestial y testigo de mi comunión, a todos los que participen en ese acontecimiento.

Vaticano, 28 de diciembre de 2008, cuarto de mi pontificado

 

BENEDICTVS PP. XVI
 

 

 



 

 

 

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