Aquí empecé a vivir,
aquí empecé a soñar
a hablar y a caminar;
aquí aprendí a rezar, a conocer la fe
para enfrentar mis miedos.
Aquí sentí el calor de mi primer amor
de mi mejor mujer;
que todo lo entregó
y llena de ilusión formó en su ser, mi cuerpo.
Aquí escuché la voz de un héroe, un gran señor
que me enseñó a luchar
y a conocer a Dios, tratando por igual
a todos los demás
sin sentirse inferior, ni superior jamás,
que siempre predicó con el ejemplo.
Es la familia fuerza y unidad
es el cimiento de la humanidad,
es nuestra sangre que continuará
un nuevo tiempo…
Es ese amor que es incondicional
frente a la calma o a la tempestad,
el equilibrio simple y natural del universo.
Aquí me equivoqué, aquí me tropecé,
confieso que dudé, cuando me vi caer,
pero encontré la luz en el consejo fiel
de un buen hermano.
Así me superé y me recuperé,
me pude levantar y supe continuar
y abrí mi corazón y me llené de amor
dejé el pasado atrás y me volví a inventar
porque mi Dios jamás
me ha abandonado.
"El VI Encuentro
Mundial de Familias a celebrarse entre el 14 y el 18
de enero,es un kairós, una experiencia de Gracia, es
la presencia amorosa de Jesucristo ", explica en
esta entrevista concedida a ZENIT-El Observador
monseñor Rodrigo Aguilar Martínez, obispo de
Tehuacán y presidente de la Comisión Episcopal para
la Familia, Juventud y Laicos de la Conferencia del
Episcopado Mexicano (CEM).
--¿Cómo percibe la realidad que vive la institución
familiar en nuestro país?
--Podemos hablar de algunas "sombras". Lo primero
que golpea es la situación económica. Muchas
familias viven en la miseria, con angustia para
salir adelante en lo material.
Pero también está el problema de familias que no
saben administrar sus ingresos económicos, gastando
inadecuadamente.
El hecho es que se han disparado los extremos en lo
socioeconómico: frente a familias que viven de
manera demasiado holgada y aun ostentosa, otras
viven al día y con crecientes deudas. Se ha
acentuado la mentalidad consumista.
Hay mucha sensación de soledad. Con frecuencia la
comunicación en la familia es superficial y
funcional. Se van rompiendo los vínculos duraderos.
Con frecuencia se ve el sexo como camino para el
placer, sin compromiso conyugal y sin apertura a la
procreación.
Ya el matrimonio para muchos no es base familiar; se
pretende equiparar el matrimonio con relaciones
basadas en lo emotivo, incluso entre personas del
mismo sexo, sin ningún sentido de contrato social.
Se está perdiendo el respeto a la vida humana, con
múltiples manifestaciones como el aborto.
También contra el respeto a la vida humana está la
creciente inseguridad y presencia del crimen
organizado, con elevados índices de impunidad.
Pero también hay "luces" en la institución familiar,
la cual sigue siendo baluarte en el desarrollo de
muchas personas. La familia sigue siendo un valor
estimado para muchas personas..
--En su país se han aprobado leyes que abiertamente
atentan contra la familia -el aborto, el divorcio
exprés, las sociedades de convivencia, ¿a dónde nos
encaminamos?
Quisiera pensar que quienes han promovido esas leyes
pretenden asegurar un sentido de progreso, de
desarrollo social; pero aunque la intención pudiera
ser sana, ciertamente las bases antropológicas son
equivocadas.
El ser humano se construye sobre la libertad que es
responsable, no sobre una libertad carente de ética;
sobre la aceptación de la dignidad de la vida humana
por el hecho de existir como ser humano, desde la
concepción y hasta el término de la muerte natural;
sobre la aceptación de la identidad sexual de varón
o de mujer.
Dichas leyes, sustentadas en un relativismo y un
laicismo a ultranza, pretenden promover un cambio
conceptual de ser humano y de sociedad, por lo
mismo, un cambio de época.
--Ante tales ataques ¿cómo es posible salvaguardar
la familia?
--Afortunadamente la sociedad está despertando: por
ejemplo ante las leyes a favor del aborto en algunos
estados mexicanos, en otros se está promoviendo en
la legislación correspondiente la defensa de la vida
humana desde la concepción.
Esto mismo se podría promover en relación al
matrimonio y la familia.
--¿Qué retos le presenta el tiempo actual a la
Iglesia en cuestión de familia?
-- El Documento de Aparecida dice que "dado que la
familia es el valor más querido por nuestros
pueblos, creemos que debe asumirse la preocupación
por ella como uno de los ejes transversales de toda
la acción evangelizadora de la Iglesia".
En muchas diócesis de nuestra patria ya se va
definiendo el trabajo en bien de la familia
precisamente como uno de los ejes transversales de
toda la pastoral.
En la Dimensión de la Pastoral de la Familia
ofrecemos a las diócesis y a las provincias, a nivel
subsidiario, material y apoyo para la estructuración
de la pastoral familiar, por ejemplo en estos
aspectos:
Ya sea en lo que se refiere al valor de la vida
humana, al acompañamiento de parejas de novios que
pretenden casarse, a matrimonios en situaciones
difíciles, a parejas en situaciones irregulares,
formación de agentes de pastoral familiar,
acompañamiento a movimientos a favor de la familia.
Falta mucho por hacer: ser eficaces en el trabajo
pastoral; o sea que no basta hacer mucho, sino
hacerlo bien para que dé frutos en el acompañamiento
a las familias en todas las fases de su desarrollo.
Que la pastoral en bien de la familia se integre a
la pastoral orgánica o de conjunto y, a su vez, que
se integre a la pastoral con espíritu misionero.
Las familias que no estarán presentes en el
encuentro, ¿cómo pueden enriquecerse de este
acontecimiento?
--El tema bajo el cual nos convoca el Papa Benedicto
XVI al VI Encuentro es muy sugestivo y pertinente:
"La familia, formadora en los valores humanos y
cristianos".
Mucho se menciona que la clave es la formación en
valores; de modo que el Encuentro nos ayudará con
sus reflexiones y propuestas.
Por una parte, la situación actual en América
Latina, se debate en posturas encontradas en
relación a la vida, el matrimonio y la familia, pero
también esas situaciones se convierten en
oportunidad para forjar nuestra identidad y nuestros
proyectos de vida como ciudadanos y como discípulos
y misioneros de Jesucristo.
El VI Encuentro Mundial de Familias es un "Kairós",
una experiencia de Gracia, es la presencia amorosa
de Jesucristo que nos ama y cumple su promesa de
estar con nosotros todos los días, hasta el fin del
mundo.
La relaciones familiares - Pbro. Raniero
Cantalamessa
La relectura de la
Biblia en un Congreso como éste, debe poder iluminar
los problemas actuales. "La Escritura -decía san
Gregorio Magno- crece con quien la lee" (cum
legentibus crescit); revela implicaciones nuevas a
medida que se le plantean cuestiones nuevas. Y hoy,
cuestiones o provocaciones nuevas hay muchas.
1. El ideal bíblico contestado
Nos hallamos ante una contestación aparentemente
global del proyecto bíblico sobre sexualidad,
matrimonio y familia. ¿Cómo comportarse frente a los
cuestionamientos de la sociedad actual?.
El primer error que hay que evitar, en mi opinión,
es el de pasar todo el tiempo rebatiendo las teorías
contrarias, acabando por darles más importancia de
la que merecen.
Ya Pseudo-Dionisio el Areopagita observaba cómo la
proposición de la propia verdad es siempre más
eficaz que la confutación de los errores ajenos.
Otro error consistiría en dirigir todo hacia leyes
del Estado para defender los valores cristianos. Los
primeros cristianos con sus costumbres cambiaron las
leyes del Estado; no podemos esperar hoy en cambiar
las costumbres con las leyes del Estado.
El Concilio inauguró un nuevo método, que es de
diálogo, no de enfrentamiento con el mundo; un
método que no excluye siquiera la autocrítica. En un
texto suyo, dijo que la Iglesia es capaz de sacar
provecho hasta de las críticas de quien la combate.
Creo que debemos aplicar este método también en la
discusión de los problemas del matrimonio y de la
familia, como hizo ya en su tiempo la Gaudium et
spes.
Aplicar este método de diálogo significa procurar
ver si en el fondo incluso de las contestaciones más
radicales existe una instancia positiva que hay que
acoger.
Es el antiguo método paulino de examinar todo y
quedarse con lo que es bueno (Cf. 1 Ts 5,21). Así
ocurrió con el marxismo que impulsó a la Iglesia a
desarrollar una doctrina social propia, y podría
suceder igualmente con la revolución "gender" que,
presenta no pocas analogías con el marxismo y está
probablemente destinada al mismo final.
La crítica al modelo tradicional de matrimonio y de
familia que ha conducido a las actuales, propuestas
del deconstructivismo, comenzó con la Ilustración y
el Romanticismo.
Con intenciones diferentes, estos dos movimientos se
expresaron contra el matrimonio tradicional,
contemplado exclusivamente en sus "fines" objetivos:
la prole, la sociedad, la Iglesia, y demasiado poco
en sí mismo: en su valor subjetivo e interpersonal.
Todo se pedía a los futuros esposos, excepto que se
amaran y se eligieran libremente entre sí. A tal
modelo se opuso el matrimonio como pacto
(Ilustración) y como comunión de amor (Romanticismo)
entre los esposos. Pero esta crítica se orienta en
el sentido originario de la Biblia, ¡no contra ella!
El Concilio Vaticano II recibió esta instancia
cuando reconoció como bien igualmente primario del
matrimonio el mutuo amor y la ayuda entre los
cónyuges.
Juan Pablo II, decía: "El cuerpo humano, con su
sexo, y su masculinidad y feminidad,... no sólo es
fuente de fecundidad y de procreación, como en todo
el orden natural, sino que encierra desde el
principio el atributo esponsal de expresar el amor:
ese amor precisamente en el que el hombre-persona se
convierte en don y, mediante este don, realiza el
sentido mismo de su ser y existir".
En su encíclica "Deus caritas est", Benedicto XVI ha
ido más allá, escribiendo cosas profundas y nuevas a
propósito del eros en el matrimonio y en las
relaciones mismas entre Dios y el hombre.
"Esta estrecha relación entre eros y matrimonio que
presenta la Biblia no tiene prácticamente paralelo
alguno en la literatura fuera de ella".
La reacción insólitamente positiva a esta encíclica
del Papa demuestra hasta qué punto una presentación
irénica de la verdad cristiana es más productiva que
la confrontación con el error contrario, aunque esta
verdad hallará su espacio, a su tiempo y en su
lugar.
Nosotros estamos lejos de aceptar las consecuencias
que algunos sacan hoy de estas premisas: por
ejemplo, que baste con cualquier tipo de eros para
constituir un matrimonio, incluido aquél entre
personas del mismo sexo.
No podemos en efecto silenciar la contribución que
los cristianos dieron a la formación de aquella
visión puramente objetivista del matrimonio.
La autoridad de Agustín, reforzada en este punto por
Tomás de Aquino, acabó por arrojar una luz negativa
sobre la unión carnal de los cónyuges, considerada
el medio de transmisión del pecado original y no
privada, ella misma, de pecado "al menos venial".
Según el doctor de Hipona, los cónyuges debían
acudir al acto conyugal con disgusto y sólo porque
no había otro modo de dar ciudadanos al Estado y
miembros a la Iglesia.
Otra instancia que podemos hacer nuestra es la igual
dignidad de la mujer en el matrimonio.
Como hemos visto, está en el corazón mismo del
proyecto originario de Dios y del pensamiento de
Cristo, pero casi siempre ha sido desatendida.
La Palabra de Dios a Eva: "Hacia tu marido irá tu
apetencia, y él te dominará", tuvo una trágica
realización en la historia.
En los representantes de la llamada "Gender
revolution", esta instancia ha llevado a propuestas
desquiciadas, como la de abolir la distinción de
sexos y sustituirla con la más elástica y subjetiva
distinción de "géneros" (masculino, femenino,
variable), o la de liberar a la mujer de la
"esclavitud de la maternidad" proveyendo de otros
modos, --inventados por el hombre--, a la producción
de hijos. (¡No se entiende quién tendría más interés
o deseo, llegados este punto, de tener hijos!).
Precisamente la elección del diálogo y de la
autocrítica nos da derecho a denunciar estos
proyectos como "inhumanos", o sea, contarios no sólo
a la voluntad de Dios, sino también al bien de la
humanidad.
Traducidos a su práctica a gran escala, conducirían
a daños imprevisibles. La novela y la película "La
isla del Dr. Moreau" (The Island of Dr. Moreau) de
H. G. Wells, podría revelar trágicamente profética,
esta vez no sólo entre animales, sino también entre
seres humanos.
Nuestra única esperanza es que el sentido común de
la gente, unido al "deseo" del otro sexo, a la
necesidad de maternidad y de paternidad que Dios ha
inscrito en la naturaleza humana, resistan a estos
intentos de sustituir a Dios, dictados más por
atrasados sentimientos de culpa del hombre que por
un genuino respeto y amor por la mujer. (¡Quienes
proponen estas teorías son casi exclusivamente los
hombres!).
2. Un ideal que hay que redescubrir
No menos importante que la tarea de defender el
ideal bíblico del matrimonio y de la familia es la
tarea de redescubrirlo y vivirlo en plenitud por
parte de los cristianos, de manera que se vuelva a
proponer al mundo con los hechos, más que con las
palabras.
Leamos hoy el relato de la creación del hombre y de
la mujer a la luz de la revelación de la Trinidad.
Bajo esta luz, la frase: "Creó Dios al ser humano a
imagen suya, a imagen de Dios le creó, macho y
hembra los creó", revela por fin su significado, que
había sido enigmático e incierto antes de Cristo.
¿Qué relación puede haber entre ser "a imagen de
Dios" y ser "macho y hembra"? El Dios bíblico carece
de connotaciones sexuales; no es ni varón ni mujer.
La semejanza consiste en esto. Dios es amor y el
amor exige comunión, intercambio interpersonal;
requiere que haya un "yo" y un "tú".
No existe amor que no sea amor por alguien; donde no
hay más que un sujeto no puede haber amor, sino sólo
egoísmo o narcisismo.
Allí donde Dios es concebido como Ley o como
Potencia absoluta, no hay necesidad de una
pluralidad de personas (¡el poder se puede ejercer
también solos!). El Dios revelado por Jesucristo,
siendo amor, es único y solo, pero no es solitario;
es uno y trino.
En Él coexisten unidad y distinción: unidad de
naturaleza, de voluntad, de intención, y distinción
de características y de personas.
Dos personas que se aman --y el caso del hombre y la
mujer en el matrimonio es el más fuerte- reproducen
algo de lo que ocurre en la Trinidad.
Allí dos personas --el Padre y el Hijo--, amándose,
producen ("exhalan") el Espíritu que es el amor que
les une.
Alguien ha definido el Espíritu Santo como el
"Nosotros" divino, esto es, no la "tercera persona
de la Trinidad", sino la primera persona plural.
En esto precisamente la pareja humana es imagen de
Dios. Marido y mujer son en efecto una carne sola,
un solo corazón, una sola alma, aún en la diversidad
de sexo y de personalidad.
En la pareja se reconcilian entre sí unidad y
diversidad. Los esposos están uno frente al otro
como un "yo" y un "tú", y están frente al resto del
mundo, empezando por los propios hijos, como un
"nosotros", casi como si se tratara de una sola
persona, pero ya no singular, sino plural.
"Nosotros", o sea, "tu madre y yo", "tu padre y yo".
En esta luz se descubre el sentido profundo del
mensaje de los profetas acerca del matrimonio
humano, que por lo tanto es símbolo y reflejo de
otro amor, el de Dios por su pueblo.
Esto no significaba sobrecargar de un significado
místico una realidad puramente mundana. No era
cuestión sólo de simbolismo; era más bien revelar el
verdadero rostro y el objetivo último de la creación
del hombre varón y mujer: el de salir del propio
aislamiento y "egoísmo", abrirse al otro y, a través
del éxtasis temporal de la unión carnal, elevarse al
deseo del amor y de la alegría sin fin.
¿Cuál es la causa de la inconclusión y de la
insatisfacción que a veces deja la unión sexual,
dentro y fuera del matrimonio? ¿Por qué este impulso
cae siempre sobre sí mismo y por qué esta promesa de
infinito y de eterno puede resultar decepcionada?
Los antiguos acuñaron un dicho que plasma esta
realidad. El poeta pagano Lucrecio dejó, de la
frustración que acompaña cada copulación, una
descripción despiadada:
"Se estrechan ávidamente al cuerpo y mezclan la
saliva
boca a boca, y jadean, apretando los labios con los
dientes;
pero en vano; porque no pueden arrancar nada,
ni penetrar y perderse en el otro cuerpo con todo el
cuerpo".
A esta frustración se suele buscar un remedio que no
hace más que acrecentarla. En lugar de modificar la
calidad del acto, se aumenta su cantidad, pasando de
un partner a otro. Se llega así al estrago del don
de Dios de la sexualidad, en uso en la cultura y en
la sociedad de hoy.
¿Queremos, de una buena vez, como cristianos, buscar
una explicación a esta devastadora disfunción? La
explicación es que la unión sexual no se vive en el
modo y con la intención pretendida por Dios.
Este objetivo era que, a través de este éxtasis y
fusión de amor, el hombre y la mujer se elevaran al
deseo y tuvieran una cierta pregustación del amor
infinito; recordaran de dónde venían y a dónde se
dirigían.
El pecado, empezando por el de los bíblicos Adán y
Eva, ha atravesado este proyecto; ha "profanado" ese
gesto, o sea, lo ha despojado de su valor religioso.
Ha hecho de él un gesto que es fin en sí mismo,
concluso en sí mismo, y por ello "insatisfactorio".
El símbolo ha sido desgajado de la realidad
simbolizada, privado de su dinamismo intrínseco y
por lo tanto mutilado.
Jamás como en este caso se experimenta más
fuertemente la verdad del dicho de Agustín: "Nos
hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón está
inquieto hasta que descanse en ti".
Incluso parejas creyentes tampoco llegan a
reencontrar --a veces más que las otras-- esa
riqueza de significado inicial de la unión sexual a
causa de la idea de concupiscencia y de pecado
original asociada a tal acto durante siglos.
Sólo en el testimonio de algunas parejas que han
tenido la experiencia renovadora del Espíritu Santo
y viven la vida cristiana, se encuentra algo de
aquel significado original del acto conyugal.
Aquellas han confiado con estupor --a parejas de
amigos o al sacerdote-- que se unen alabando a Dios
en voz alta. Una experiencia real de presencia de
Dios.
Se comprende por qué sólo en el Espíritu Santo es
posible reencontrar esta plenitud de la vocación
matrimonial.
El acto constitutivo del matrimonio es la donación
recíproca, hacer don del propio cuerpo (o bien, en
el lenguaje bíblico, de todo uno mismo) al cónyuge.
Al ser el sacramento del don, el matrimonio es, por
su naturaleza, un sacramento abierto a la acción del
Espíritu Santo que es por excelencia el Don, o
mejor, la Donación recíproca del Padre y del Hijo.
Es la presencia santificadora del Espíritu aquello
que hace del matrimonio un sacramento no sólo
celebrado, sino vivido.
Dar espacio a Cristo en la vida de pareja es el
secreto para acceder a estos esplendores del
matrimonio cristiano. De hecho es de Él de quien
viene el Espíritu Santo que hace nuevas todas las
cosas.
Un libro del obispo Fulton Sheen, popular en los
años cincuenta, inculcaba todo esto en su título:
"Tres para casarse".
No hay que tener miedo de proponer a algunas parejas
de futuros esposos cristianos, particularmente
preparadas, una meta altísima: la de orar un poco
juntos la noche de bodas, como Tobías y Sara, y
después dar a Dios Padre la alegría de ver de nuevo
realizado, gracias a Cristo, su proyecto inicial,
cuando Adán y Eva estaban desnudos uno frente al
otro y ambos ante Dios, y no se avergonzaban.
Termino con algunas palabras tomadas, una vez más,
de El zapato de raso del poeta francés Paul Claudel.
Se trata de un diálogo entre la protagonista
femenina del drama, que combate entre el miedo y el
deseo de rendirse al amor, y su ángel custodio:
- Entonces, ¿está permitido este amor de las
criaturas, una hacia otra? ¿Dios no tiene celos?
- ¿Cómo podría estar celoso de lo que ha hecho Él
mismo?
- Pero el hombre, en brazos de la mujer, olvida a
Dios...
- ¿Se le puede olvidar estando con Él y siendo
asociados al misterio de su creación?
Cada Encuentro Mundial
de las Familias se caracteriza por tener un tema
específico que ayuda a la profundización de algunos
aspectos de la vida y la misión de las familias
cristianas. El tema de cada Encuentro es elegido por
el Santo Padre y brinda una oportunidad para que
haya una verdadera preparación, por medio de la
reflexión, para que las familias crezcan en la
vivencia de su amor, de su unidad, de su fe, de sus
valores, etc.
El tema que el Papa Benedicto XVI ha señalado para
el VI Encuentro, que se realizará en la Ciudad de
México, es: “LA FAMILIA FORMADORA EN LOS VALORES
HUMANOS Y CRISTIANOS”.
Es por eso que el PONTIFICIO CONSEJO PARA LA
FAMILIA, teniendo en cuenta este tema, ha preparado
unas Catequesis que puedan ayudar a esta
preparación, especialmente en familia, por medio de
un formato de celebración doméstica, que se busca
sea accesible a todos.
Presentamos ahora estas Catequesis, traducidas a
varios idiomas para facilitar el acceso a ellas,
esperando que sean de gran utilidad en este
interesante camino de preparación hacia el VI
ENCUENTRO MUNDIAL DE LAS FAMILIAS.
El
Comité Organizador del VI Encuentro Mundial de las
Familias que se inaugurará en la capital mexicana el
próximo 14 de enero anunció que el Papa Benedicto
XVI dirigirá dos decisivos mensajes a los
participantes de este histórico evento.
Los organizadores revelaron que el Santo Padre
enviará un primer mensaje leído durante el inicio de
la jornada y el segundo, en vivo, vía satélite,
durante la Misa de clausura del VI Encuentro Mundial
de las Familias, el día 18 de enero.
"Prácticamente todo se encuentra listo para recibir
a los casi 30 cardenales y 200 obispos que vendrán
de todas partes del mundo y que han confirmado su
asistencia", señala el primer comunicado oficial; a
la vez que anuncian la plena operatividad de la
página web oficial del VI Encuentro Mundial de las
Familias:
www.emf2009.com
En enero del 2009 se
realizará el VI Encuentro Mundial de Familias en Ciudad de
México, con el tema “La Familia formadora en los valores
humanos y cristianos”. Se designó la delegación uruguaya que
participará de dicho evento.
La Conferencia Episcopal del Uruguay ha designado como
delegados al VI Encuentro
Mons. Nicolás Cotugno, Arzobispo de Montevideo y
Presidente de la Comisión Nacional de Pastoral Familiar de
la CEU, Agustín Aishemberg y Margarita Gorlero,
Secretarios ejecutivos de la CNDPF y el Pbro. Fernando
Pigurina, sacerdote de la Diócesis de Salto y actual
asesor de la Pastoral Familiar de la Diócesis.
(ZENIT.org).- Publicamos la intervención que
pronunció Benedicto XVI con motivo del Ángelus el
pasado domingo, fiesta de la Sagrada Familia, en la
que saludó a las personas reunidas en Madrid con
motivo de una multitudinaria misa por las familias
presidida por el cardenal Antonio María Rouco
Varela, arzobispo de Madrid y presidente de la
Conferencia Episcopal Española.
Asimismo el Papa recordó la celebración del
Encuentro Mundial de las Familias que tendrá lugar
en México del 14 al 18 de enero de 2009.
* * *
[Hablando en italiano:]
Queridos hermanos y hermanas:
En este domingo, que sigue a la Navidad del Señor,
celebramos con alegría la Sagrada Familia de
Nazaret. El contexto es más que adecuado, pues la
Navidad es por excelencia la fiesta de la familia.
Lo demuestran tantas tradiciones y costumbres
sociales, especialmente la de reunirse juntos, en
familia, con motivo de las comidas festivas y de las
felicitaciones y el intercambio de regalos; y, ¿cómo
no constatar que en estas circunstancias se
amplifica el malestar y el dolor causados por
ciertas heridas familiares? Jesús quiso nacer y
crecer en una familia humana; quiso que la Virgen
María fuera su mamá y que José cumpliera la función
de padre; le criaron y educaron con inmenso amor. La
familia de Jesús merece verdaderamente el título de
"sagrada", pues está totalmente concentrada en el
deseo de cumplir con la voluntad de Dios, encarnada
en la adorable presencia de Jesús. Por una parte es
una familia como todas y, como tal, es modelo de
amor conyugal, de colaboración, de sacrificio, de
confianza en la divina Providencia, de laboriosidad,
y de solidaridad. En definitiva, de todos esos
valores que la familia custodia y promueve,
contribuyendo de manera primaria a formar el tejido
de toda sociedad. Al mismo tiempo, sin embargo, la
Familia de Nazaret es única, diferente a todas, por
su singular vocación, ligada a la misión del Hijo de
Dios. Precisamente, por su carácter único, presenta
a toda familia, y en primer lugar a las familias
cristianas, el horizonte de Dios, el primado dulce y
exigente de su voluntad, la perspectiva del Cielo,
al que estamos destinados.
Por todo eso, hoy damos gracias a Dios, así como a
la Virgen María y a san José, que con tanta fe y
disponibilidad cooperaron en el designio de
salvación del Señor.
Para expresar la belleza y el valor de la familia,
hoy se han dado cita en Madrid miles de personas. A
ellas quiero dirigirme ahora en español:
[Hablando en español:]
Dirijo ahora un cordial saludo a los participantes
que se encuentran reunidos en Madrid en esta
entrañable fiesta para orar por la familia y
comprometerse a trabajar en favor de ella con
fortaleza y esperanza. La familia es ciertamente una
gracia de Dios, que deja traslucir lo que Él mismo
es: Amor. Un amor enteramente gratuito, que sustenta
la fidelidad sin límites, aún en los momentos de
dificultad o abatimiento. Estas cualidades se
encarnan de manera eminente en la Sagrada Familia,
en la que Jesús vino al mundo y fue creciendo y
llenándose de sabiduría, con los cuidados primorosos
de María y la tutela fiel de San José. Queridas
familias, no dejéis que el amor, la apertura a la
vida y los lazos incomparables que unen vuestro
hogar se desvirtúen. Pedídselo constantemente al
Señor, orad juntos, para que vuestros propósitos
sean iluminados por la fe y ensalzados por la gracia
divina en el camino hacia la santidad. De este modo,
con el gozo de vuestro compartir todo en el amor,
daréis al mundo un hermoso testimonio de lo
importante que es la familia para el ser humano y la
sociedad. El Papa está a vuestro lado, pidiendo
especialmente al Señor por quienes en cada familia
tienen mayor necesidad de salud, trabajo, consuelo y
compañía. En esta oración del Ángelus, os encomiendo
a todos a nuestra Madre del cielo, la Santísima
Virgen María.
[En italiano:]
Queridos hermanos y hermanas: hablando de la
familia, no puedo dejar de recordar que del 14 al 18
de enero de 2009 tendrá lugar en la Ciudad de México
el VI Encuentro Mundial de las Familias. Recemos
desde ahora por este importante acontecimiento
eclesial y confiemos al Señor toda familia,
especialmente las más probadas por las dificultades
de la vida y por las heridas de la incomprensión y
división. Que el Redentor, nacido en Belén, les dé a
todas la serenidad y la fuerza para caminar unida en
el camino del bien.
[Después de rezar el Ángelus, añadió en italiano:]
Queridos hermanos y hermanos:
Tierra Santa, que en los días de Navidad está en el
centro de los pensamientos y de los afectos de los
fieles de todas las partes del mundo, se encuentra
de nuevo sacudida por un estallido de inaudita
violencia. Estoy profundamente dolido por los
muertos, los heridos, los daños materiales, los
sufrimientos y las lágrimas de las poblaciones
víctimas de esta trágica cadena de ataques y
represalias.
¡La patria de Jesús no puede seguir siendo testigo
de tanto derramamiento de sangre, que se repite sin
fin! Imploro el final de la violencia, que hay que
condenar en cada una de sus manifestaciones, y el
restablecimiento de la tregua en la franja de Gaza;
pido una muestra de humanidad y de sabiduría a todos
aquellos que tienen responsabilidad sobre la
situación; imploro a la comunidad internacional que
haga todo lo posible para ayudar a israelíes y
palestinos a salir de este callejón sin salida y a
no resignarse --como decía hace dos días, en el
mensaje Urbi et Orbi-- a la lógica perversa del
enfrentamiento y de la violencia, sino a privilegiar
por el contrario el camino del diálogo y la
negociación.
Encomendemos a Jesús, príncipe de la paz, nuestra
ferviente oración por estas intenciones y a Él, a
María y a José, imploremos: "Familia de Nazaret,
experta en el sufrimiento, da al mundo la paz".
¡Dala hoy sobre todo a Tierra Santa!
[El Papa saludó luego en varios idiomas. En español,
dijo:]
Doy mi bienvenida a los peregrinos de lengua
española que participan en el rezo del Ángelus, en
este domingo en el que celebramos la Sagrada
Familia. Pidamos por todas las familias del mundo
para que en sus hogares se viva y transmita la fe,
siendo así testigos del amor en el mundo. ¡Feliz día
del Señor!
Benedicto XVI saluda a cuantos están trabajando en
México preparando el VI Encuentro Mundial de las
Familias, que tendrá lugar del 14 al 18 de enero de
2009.
(RV).- Llevando el saludo de Benedicto XVI, el Card.
Ennio Antonelli, Presidente del Pontificio Consejo
para la Familia, se encuentra en México, donde
prosigue a toda marcha la preparación del VI
Encuentro Mundial de las Familias.
El purpurado ha destacado la importancia de esta
cita, que reunirá en la capital mexicana, del 14 al
18 de enero de 2009, a las familias de todo el
mundo, que «son la célula fundamental de la Iglesia
y de la sociedad civil». Y ha hecho hincapié en que
«Benedicto XVI - si bien no acuda físicamente a
México – participará activamente con algunas
intervenciones televisivas, a lo largo del evento.
En particular, el Santo Padre enviará un
videomensaje e intervendrá en directo durante la
misa de clausura, del 18 de enero».
El Presidente del Pontificio Consejo para la Familia
ha recordado, asimismo, que Benedicto XVI enviará al
Encuentro Mundial de las Familias 2009 a su
Secretario de Estado, Card. Tarcisio Bertone, en
calidad de Legado Pontificio.
Carta del Papa para el VI
Encuentro Mundial de las Familias México 2009: “La familia
está llamada a desempeñar su deber educativo en la Iglesia,
participando así en la vida y en la misión eclesial”
Sábado, 3 ene (RV).- El Santo Padre ha enviado una carta en
latín al cardenal Tarcisio Bertone, secretario de Estado,
Legado Pontificio para la celebración del VI Encuentro
Mundial de las Familias, que tendrá lugar en México del 13
al 18 de este mes.
En su misiva, Benedicto XVI reitera -evocando a su
predecesor, el Siervo de Dios Juan Pablo II- que «la familia
está llamada a desempeñar su deber educativo en la Iglesia,
participando así en la vida y en la misión eclesial. La
Iglesia desea educar sobre todo por medio de la familia,
habilitada para ello por el sacramento, con la correlativa
‘gracia de estado’ y el específico ‘carisma’ de la comunidad
familiar». (Carta de Juan Pablo II Gratissimam sane, n.16)
Recordando la Carta a las Familias -Gratissimam sane- en la
que Juan Pablo II hacía hincapié en que «Sí, la civilización
del amor es posible, no es una utopía. Pero es posible sólo
gracias a una referencia constante y viva a ‘Dios y Padre de
nuestro Señor Jesucristo, de quien proviene toda paternidad
en el mundo’ (cf. Ef 3, 14-15); de quien proviene cada
familia humana», Benedicto XVI pone de relieve que «los
padres son los primeros y principales educadores de sus
propios hijos, y en este campo tienen incluso una
competencia fundamental: son educadores por ser padres».
El «nosotros» de los padres, esposo y esposa, se desarrolla,
por medio de la generación y de la educación, en el
«nosotros» de la familia, que deriva de las generaciones
precedentes y se abre a una gradual expansión. A este
respecto, desempeñan un papel singular, por un lado, los
padres de los padres y, por otro, los hijos de los hijos.
Benedicto XVI cita entre los modelos cristianos de padres y
madres educadores, a los santos Gordiano y Silvia, padres
del Papa san Gregorio Magno. A la mártir española María
Teresa Ferragud Roig, que fue arrestada a los ochenta y tres
años de edad junto con sus cuatro hijas religiosas
contemplativas. El 25 de octubre de 1936, fiesta de Cristo
Rey, pidió acompañar a sus hijas al martirio y ser ejecutada
en último lugar para poder así alentarlas a morir por la fe.
Su muerte impresionó tanto a sus verdugos que exclamaron:
‘Ésta es una verdadera santa’.
El Papa recuerda también al matrimonio italiano Luis y María
Beltrame Quattrocchi y, a los padres de Santa Teresita de
Lisieux, Luis Martín y Celine Guerin. Asimismo, Benedicto
XVI dirige un recuerdo especial al cardenal Norberto Rivera
Carrera, arzobispo de México y extiende su bendición a todos
los mexicanos y a cuantos participarán en esta importante
cita en la capital mexicana, dedicada a las familias del
mundo.
También hoy se ha dado a conocer la Misión que acompañará al
cardenal Secretario de Estado, Tarcisio Bertone. Se trata
del Sacerdote Rogelio Alcántara Mendoza, Director espiritual
del Seminario Hispano de Santa María de Guadalupe y del
Sacerdote Martín Muñoz López, Capellán del Coro de la
Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe.
"Los principales maestros de la humanidad
son los mismos padres de familia"
CIUDAD DEL VATICANO, jueves 15 de enero de
2009 (ZENIT.org).-
Publicamos la traducción al español de la carta en latín que
Benedicto XVI dirigió al cardenal Tarcisio Bertone S.D.B,
secretario de Estado, legado pontificio para el VI Encuentro
Mundial de las Familias.
* * *
Al venerado hermano Tarcisio Bertone, S.D.B.
Secretario de Estado
Con el deseo de que la sociedad futura goce de una
condición más digna, muchos pastores y fieles laicos de todo
el mundo, se reunirán próximamente en la ciudad de México
para el VI Encuentro mundial de las familias, que tiene por
tema: "La familia formadora en los valores humanos y
cristianos".
Este tema es de suma importancia, pues "la familia está
llamada a desempeñar su deber educativo en la Iglesia,
participando así en la vida y en la misión eclesial. La
Iglesia desea educar sobre todo por medio de la familia,
habilitada para ello por el sacramento, con la correlativa
"gracia de estado"" (Juan Pablo II, Carta a las familias
Gratissimam sane, 16).
Realmente, los principales maestros de la humanidad son
los mismos padres de familia que, sostenidos por la gracia
divina, se esfuerzan por transmitir a sus hijos las virtudes
de la fe en Cristo, la caridad operante y una gran
esperanza, y "en este campo tienen incluso una competencia
fundamental: son educadores por ser padres" (ib.).
Conviene recordar que a todas las familias cristianas se
presentan los brillantes ejemplos de algunos fieles, tanto
de tiempos antiguos como de épocas recientes, que no sólo a
los jóvenes, sino también a la gran mayoría de la gente,
dejaron su vida como ejemplo de nobleza y recuerdo de virtud
(cf. 2 M 6, 31). Entre ellos cabe destacar en Oriente
a los santos Basilio y Emelia, que entre sus nueve hijos
cuentan con cuatro santos, y en Occidente a los santos
Gordiano y Silvia, padres del Sumo Pontífice san Gregorio
Magno.
Al inicio de este milenio, la Madre Iglesia ha inscrito
en el catálogo de los beatos a María Teresa Ferragud Roig,
que en España juntamente con sus cuatro hijas vírgenes
consagradas a Cristo consiguió la palma del martirio y la
gloria celestial; a los esposos Luis Beltrame Quattrocchi y
María Corsini, en Italia; Luis Martin y Celia María Guérin,
en Francia, padres de santa Teresa de Lisieux, patrona de
las misiones y flor del Carmelo.
Estoy convencido de que este acontecimiento puede ser muy
beneficioso para toda la sociedad y para cada persona. Por
eso, de buen grado acepté la invitación del venerado hermano
cardenal Norberto Rivera Carrera, arzobispo metropolitano de
México; pero, dado que yo no puedo acudir personalmente, con
confianza te envío a ti, venerado hermano, mi principal y
muy diligente colaborador en despachar los asuntos diarios,
para que me representes dignamente y lleves a las personas
allí congregadas mi exhortación paterna y mi cordial saludo.
Por lo cual, con esta carta te nombro mi legado para
el VI Encuentro mundial de las familias, que se celebrará en
México del 13 al 18 del próximo mes de enero.
Encomiendo encarecidamente tu legación y todo el
Encuentro mundial de las familias a la poderosa intercesión
de la santísima Virgen María de Guadalupe y de san José, así
como de todos los santos padres de familia, a fin de que
obtengan del Hijo de Dios para los gobernantes de las
naciones y para las familias mismas las ayudas, los derechos
y las luces necesarios, para que la dignidad de todos los
hombres de verdad se reconozca, se respete y se honre.
Por último, quiero que impartas amorosamente, en mi
nombre, la bendición apostólica, prenda de gracia celestial
y testigo de mi comunión, a todos los que participen en ese
acontecimiento.
Vaticano, 28 de diciembre de 2008, cuarto de mi
pontificado